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¿Vivir como Hijos o como Siervos?



Lc. 15:29-31– "Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas ."

El texto de este mes hace parte de la historia bíblica conocida como la "Parábola del Hijo Pródigo", recordada por todos justamente por el protagonismo de aquel que le presta nombre a la narración, el hijo menor.

Ocurre que aun que casi olvidado por todos en la historia, la Biblia también nos habla del personaje del hermano mayor, del cual emanan enseñanzas valiosísimas para nuestras vidas.

Lo caracteriza su enojo y frustración por la forma en que el Padre había perdonado y restituido a su hermano, el hijo menor.

De esos sentimientos negativos surge una queja, que radicaba en el hecho de no poder haber probado de las cosas ricas que reservaba la casa y los bienes de su Padre.

Afirmo que de este personaje son retiradas poderosas aplicaciones para hoy, pues el es el ejemplar de toda una generación de cristianos que viven como huérfanos teniendo Padre, y que terminan siendo lanzados a la servidumbre exagerada y desmedida por causa de su deteriorada identidad.

Luce como estandarte el hecho de nunca haber desobedecido a su genitor. Había cumplido cada una de las normas de la familia. Cada detalle. Las formalidades. Los horarios. Todo.

¡He ahí el modelo del más perfecto religioso! Se decía tan obediente, al tiempo que carecía de la más simple intimidad y confianza, a punto de no tener coraje de disfrutar de una rica comida de la casa paterna.

Tanto es así, que cuando lo encontramos ingresando en esta historia, venía del campo. Esto es, no estaba en la casa gozándose en la compañía de papá, estaba en las afueras, en un lugar de arduo trabajo.

Como afirmé con anterioridad, muchos hoy son así. Gastan su tiempo preocupados con detalles de liturgia, valorizando las normas y estatutos denominacionales al tiempo en que pueden estar en la casa probando la intimidad del Padre.

Importante observar que al ingresar a un tiempo de intimidad como la que estaba experimentando el hijo menor, casi que automáticamente, vienen sobre la vida de la persona, cosas que el Padre tiene y desea compartir con los suyos: zapatos, vestidos, anillos y becerros; simbolismos de un camino bendecido, una vida santificada, autoridad delegada, y abundancia y llenura.

¡El llamado del Espíritu convoca a que hijos pasen a vivir como hijos! El servicio en el reino debe ser un deleite. Estar en el campo debe ser por amor. Jamás una carga insoportable. Y siempre recordando que después de un día de trabajo, no se puede permanecer en el campo, hay que volver a la casa…el Padre espera a sus hijos.

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